Ronda, baile, canto popular, rondalla y escenario: una tradición musical que une la fiesta, la calle, la memoria de los quintos y la forma espontánea de celebrar en comunidad.
En Quinto, la jota no fue solo una pieza para representar en un escenario. Fue una manera de cantar, bailar, rondar, festejar, pedir, responder y relacionarse en la vida cotidiana.
La jota ocupa en Quinto un espacio central dentro de la música popular. A diferencia de otras manifestaciones más institucionalizadas, como la banda municipal, la jota pertenecía al pueblo entero: cualquiera podía cantarla, bailarla o utilizarla para acompañar una ronda, una fiesta, una cuadrilla o una celebración familiar.
Conviene distinguir dos planos complementarios. Por un lado, la jota organizada, vinculada a la rondallas, grupos de baile, ensayos, festivales y dirección musical. Por otro, la jota espontánea, cantada en el campo, en los bares, en las rondas de los quintos, en las cuadrillas y en los encuentros informales.
Esa doble dimensión evita reducir la jota a folklore de escenario. En Quinto fue también una práctica social: una forma de presencia pública, relación entre mozos y mozas, afirmación de la cuadrilla y expresión cotidiana de la musicalidad popular.
En la memoria local, la jota aparece unida a los domingos, días festivos, fiestas patronales, romerías de Pascua, despedidas de quintos y rondas para pedir torta. Era frecuente que una ronda naciera casi de manera espontánea, muchas veces desde un bar, y que un grupo de amigos saliera a cantar por las calles.
En esas paradas se organizaba el baile. La jota que más tarde se identificó como Jota de Quinto no nació como una pieza cerrada de escenario, sino como una forma popular de bailar en la calle. Las parejas no utilizaban castañuelas, porque el baile respondía a una forma espontánea de relación social entre mozos y mozas.
Con el tiempo, el trabajo de personas como Manola Pallás permitió estudiar, enseñar y recuperar la Jota de Quinto. Esa labor contribuyó a que la tradición oral pasara a convertirse también en patrimonio documentado, enseñado y representable.
La evolución reciente ha incorporado la escuela, la rondalla municipal y la presencia de Quinto en encuentros comarcales como RiberabaJota, donde la jota vuelve a funcionar como expresión local dentro de una tradición compartida por la Ribera Baja del Ebro.
La jota de Quinto reúne canto, baile y toque instrumental, con una fuerte presencia de la ronda y de la transmisión oral.
Se cantaba por las calles, en fiestas, domingos, romerías, despedidas de quintos y rondas para pedir torta. La ronda servía para cantar, relacionarse y hacer visible a la cuadrilla.
El baile surgía en puntos de parada de la ronda, además de la plaza. La pareja bailaba sin castañuelas, con variaciones espontáneas y sin una medida rígida de escenario.
Los cantores de campo, bar y festival mantuvieron la jota como práctica viva. Unos cantaban para acompañar el trabajo y otros para animar la sociabilidad cotidiana o la actuación pública.
La historia de la jota en Quinto está hecha de grupos y de nombres propios. Entre quienes conservaron los toques locales se recuerdan los hermanos Germán y Antonio Aznar, conocidos como los Jaboneros, junto a Paco Bes, Farinetas, mantenedores durante años de los toques de guitarra y guitarro.
Otro personaje fundamental fue Gregorio Gracia, Palata, coordinador de la parte musical de las rondas de quintos, con su acordeón a los hombros. Su intuición musical le permitió aprender, tocar y enseñar, y su memoria forma parte de la historia popular de la música en Quinto.
En la recuperación y documentación de la Jota de Quinto destaca Manola Pallás, que estudió la tradición, enseñó el baile y contribuyó a fijar una memoria que hasta entonces se transmitía sobre todo por observación, práctica y recuerdo oral.
A ellos deben añadirse los cantores y cantantes anónimos o recordados por las familias: quienes cantaban durante las labores del campo, quienes arrancaban la ronda desde los bares y quienes llevaron la jota a festivales y escenarios.
La jota se entiende por los lugares donde suena: la plaza, las calles, los bares, el campo, las fiestas y los escenarios.
Espacio natural de las rondas, las paradas, el canto a las mozas y la fiesta popular.
Lugar de baile, encuentro vecinal, actuaciones y representación pública de la tradición.
Punto de arranque de rondas espontáneas y espacio de sociabilidad masculina y vecinal.
Lugar donde el canto acompañaba labores, descansos y formas tradicionales de convivencia.
Una de las notas características de la jota en Quinto es el protagonismo de guitarras, guitarros y guitarricos. La memoria local recuerda que, en la parte tocada, no se empleaban tradicionalmente bandurrias y laúdes, sino estos instrumentos pulsados con un toque muy particular.
La jota baja de Quinto de Ebro (Zaragoza) es una manifestación del folclore musical tradicional
aragonés que pertenece a la categoría de jota de ronda. Se caracteriza por ser de interpretación grupal,
participativa y con un tono más íntimo o popular que las jotas de exhibición o de baile de escenario.
Somerondon, Jota Baja de Quinto. Spotify
El acordeón tuvo también un papel importante en las rondas de quintos, especialmente asociado a la figura de Gregorio Gracia, Palata. Su presencia muestra cómo la tradición se adaptaba a los músicos disponibles y a las necesidades de la ronda.
En la etapa organizada, la rondalla permite fijar repertorio, acompañar canto y baile, formar nuevos intérpretes y representar a Quinto en festivales, encuentros comarcales y actos culturales.
Espacio preparado para incorporar galerías, grabaciones, partituras, programas de fiestas, carteles y documentos relacionados con la jota de Quinto.
La jota se conserva también en frases, recuerdos y formas de contar cómo se cantaba y se bailaba.
-- La jota era de todos: se cantaba, se bailaba y servía para rondar, pedir torta, ponerse a festejar o simplemente hacerse presente en la calle --
Memoria musical de Quinto
Los jóvenes que iban a incorporarse al servicio militar salían durante varios días a rondar, cantando jotas y pidiendo dinero para el viaje. La música era una manera de hacerse notar antes de abandonar temporalmente el pueblo.
En la tradición local, el baile espontáneo de la jota no utilizaba castañuelas. Las parejas bailaban con naturalidad, como una forma de encuentro y relación, más que como una actuación formal ante el público.
Referencias documentales, bibliográficas, gráficas, sonoras y testimoniales utilizadas para desarrollar esta página.
Dance, jota, banda y música religiosa forman parte de una misma memoria sonora local.