Dos lugares esenciales en la identidad de Quinto, donde se unen devoción popular, paisaje, romería, arquitectura tradicional y memoria compartida de generaciones.
Bonastre y Matamala no son solo dos ermitas: son también el centro de las Fiestas de Pascua, un espacio de convivencia en el campo y una parte muy reconocible de la historia local.
Lunes y Martes de Pascua siguen marcando uno de los momentos más queridos del calendario quintano.
Un santuario ligado a la tradición de la aparición de la Virgen y a una larga historia de cuidados y reformas.
Antigua parroquia vinculada a un despoblado histórico, al Ebro y al recuerdo del castillo y la ermita vieja.
Al final de la misa se sirve un trozo de torta con un vasito de moscatel a todos los vecinos.
En Quinto, las romerías de Bonastre y Matamala son el núcleo de las Fiestas de Pascua. Tras el recogimiento de la Semana Santa, la celebración se traslada al campo y reúne a familias, amigos y peñas en torno a dos jornadas muy arraigadas.
La romería de Bonastre se celebra el Lunes de Pascua, mientras que la de Matamala tiene lugar el Martes de Pascua. En ambos casos, la jornada combina la misa en honor de la Virgen con la convivencia popular y las comidas campestres en el entorno de las ermitas.
La tradición comienza antes: el Sábado Santo se organizan las compras y los menús, y el Domingo se preparan los carros y remolques que antiguamente se "enramaban" con ramas de chopo de la orilla del río. Ese ritual de preparativos forma parte de la memoria festiva de varias generaciones.
Día de listas, compras, viandas y organización de los grupos que pasarán juntos las fiestas de Pascua.
Se adornaban carros y remolques con ramas y hojas, transformando el viaje en una parte más de la celebración.
Bonastre y Matamala mantienen el encuentro entre fe, gastronomía popular, música, conversación y paisaje.
Bonastre es uno de los centros devocionales y festivos más queridos por los quintanos.
La tradición recogida por el padre Roque Alberto Faci sitúa el origen devocional de Bonastre en la aparición de la imagen de la Virgen a un pastor. Tras ser llevada a la parroquia de Pina, la imagen habría regresado milagrosamente al lugar de la aparición, lo que llevó a los vecinos de Quinto a levantar allí una ermita.
La documentación pastoral demuestra además la antigüedad del santuario. Ya en 1550 aparece mencionada la ermita, y durante los siglos XVII y XVIII se registran órdenes de reparación y referencias a su mantenimiento. El edificio actual incorpora una reconstrucción realizada en 1847, costeada por los vecinos de Quinto.
Arquitectónicamente, Bonastre presenta una nave con varios tramos, crucero, cabecera recta, atrio de acceso y una fachada sencilla con arco de medio punto. En el exterior destacan los contrafuertes y el volumen semicircular de la escalera de subida al coro.
Reencuentro de familias y quintanos en las fiestas de Bonastre y Matamala .
Matamala está vinculada a un antiguo núcleo hoy desaparecido, del que quedaron la ermita, la memoria de su castillo y diversas referencias documentales medievales. Las fuentes históricas la presentan como un lugar de gran antigüedad, con una imagen venerada por Quinto y también recordada por otros pueblos del entorno.
La ermita histórica se situaba entre la carretera y el río, junto al antiguo camino de Zaragoza a Alcañiz. Se la describe como una construcción rectangular, de varios tramos y cubierta con bóveda de cañón rebajado con lunetos. Con el tiempo, el ferrocarril, la carretera y los problemas estructurales alteraron notablemente el lugar.
La devoción se trasladó después a una nueva ermita en la loma del Cornero, una posición más elevada y segura para las celebraciones actuales. Aun así, la ermita vieja sigue siendo un testimonio fundamental del origen histórico de Matamala y de su relación con el río, el despoblado y el castillo cercano.
Las ermitas siguen vivas porque forman parte de la experiencia colectiva del pueblo: de sus fiestas, de sus relatos y de su manera de estar juntos.
En torno a Bonastre y Matamala se ha construido una memoria que va mucho más allá del edificio. Cada generación ha conocido sus propias romerías: primero en familia, después en cuadrillas y peñas, y más tarde de nuevo en familia con hijos, amigos y nuevas costumbres.
En esa continuidad caben el almuerzo en los bares, la compra en las tiendas del pueblo, los remolques adornados, los calderos y las paellas, la conversación después de comer, los cafés, los cantos y la vuelta al pueblo al caer la tarde. Todo eso convierte a las ermitas en una parte viva del patrimonio de Quinto.
Esta combinación de religiosidad popular, paisaje, arquitectura y convivencia explica por qué Bonastre y Matamala siguen siendo dos referencias esenciales para entender la historia y la identidad del municipio.
Bonastre y Matamala conectan tradición, fe, paisaje y memoria popular en una de las expresiones más reconocibles del calendario festivo y patrimonial de Quinto.
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