El territorio antes del nombre: los primeros habitantes del valle bajo del Ebro antes de la llegada de Roma.
Mucho antes de que Roma diera nombre al territorio mediante una vía y un miliario, el espacio que hoy ocupa Quinto ya había sido habitado, cultivado y recorrido por comunidades humanas que encontraron en la ribera baja del Ebro un entorno ideal para vivir y controlar el territorio.
Este periodo abarca desde la Prehistoria reciente hasta la Primera Edad del Hierro, aproximadamente entre el Bronce Final y los siglos VIII-VI a. C.
El principal referente arqueológico es el yacimiento de Las Dehesas, identificado como un asentamiento de la Primera Edad del Hierro con presencia de cerámica acanalada.
Antes de la romanización (siglos VI - II a. C.), la vida en la Ribera Baja del Ebro estaba protagonizada por los íberos, un conjunto de comunidades avanzadas que controlaban este estratégico eje fluvial. Su existencia se basaba en poblados fortificados, agricultura mediterránea, una jerarquía social marcada y un intenso comercio
Antes de ser un lugar nombrado por Roma, Quinto fue ya un territorio habitado y aprovechado por comunidades agrícolas y ganaderas que ocupaban espacios estratégicos desde los que podían controlar el paisaje, cultivar y desplazarse.
El nombre romano llegará más tarde, pero el valor estratégico del territorio existía mucho antes.
Durante el Bronce Final y la Primera Edad del Hierro, el valle medio del Ebro era un espacio dinámico en el que diferentes comunidades consolidaban formas de vida sedentarias vinculadas a la agricultura y la ganadería.
El Ebro funcionaba ya como un eje natural de comunicación, intercambio y poblamiento.
En la época ibera tenemos más información sobre sus usos y costumbres:
Esta combinación convirtió el territorio en un espacio especialmente atractivo para el poblamiento humano desde épocas muy antiguas.
El yacimiento de Las Dehesas demuestra la existencia de comunidades asentadas en el entorno hacia los siglos VIII-VII a. C.
No se trataba todavía de ciudades organizadas, sino de pequeños poblados vinculados al aprovechamiento del territorio y al control de los recursos inmediatos.
Mucho antes de la llegada de Roma, las comunidades humanas ya buscaban lugares elevados y estratégicos desde los que controlar el valle, los caminos y los accesos.
Esta relación entre altura, ribera y control territorial será una constante en toda la historia posterior de Quinto.
El principal testimonio arqueológico de esta etapa es el yacimiento de Las Dehesas.
Esta etapa demuestra que la historia de Quinto es anterior a su nombre.
Mucho antes de la romanización ya existía una relación profunda entre las comunidades humanas y el paisaje de la ribera baja del Ebro.
Con la llegada de Roma, el territorio quedará integrado en una red política, militar y viaria mucho más amplia. El viejo paisaje agrícola y ganadero será reorganizado mediante calzadas, miliarios y nuevos sistemas de control territorial.
La transición de la época íbera a la romana en la Ribera Baja del Ebro (y el Bajo Aragón) no fue un cambio abrupto, sino un largo proceso de asimilación cultural y militar (siglos II-I a.C.). Los asentamientos indígenas adoptaron progresivamente costumbres, infraestructuras y técnicas constructivas romanas sin abandonar sus raíces ni su idioma.