Baños de Quinto

Historia de un balneario de aguas minero-medicinales, de su apogeo en el siglo XIX, de su reutilización durante la Guerra Civil y de su transformación en el actual barrio de Los Baños.

Un lugar clave en la memoria de Quinto

Los Baños de Quinto fueron uno de los enclaves termales más singulares de Aragón. Su historia une ciencia médica, arquitectura, paisaje, guerra y transformación urbana.

Imagen histórica de los Baños de Quinto

Origen y desarrollo

Un establecimiento vinculado al uso terapéutico de aguas minerales desde época temprana.

Plano del edificio de los Baños de Quinto

Conjunto balneario

Edificios, manantiales, salas y espacios de estancia articulados en torno al agua.

Hospital durante la Guerra Civil

Guerra Civil

El antiguo balneario fue reutilizado como cuartel y hospital de sangre en el frente de Aragón.

Transformación del lugar

Legado actual

Del abandono del conjunto histórico al nacimiento del actual barrio de Los Baños.

Historia de los Baños de Quinto

Los Baños de Quinto constituyen un ejemplo singular del aprovechamiento histórico de aguas minero-medicinales en Aragón. Aunque se desconoce el momento exacto de su descubrimiento, su utilización está documentada desde el siglo XVIII, cuando distintos médicos comenzaron a estudiar sus propiedades y a recomendar su uso terapéutico.

En 1728, el médico Gerónimo Bernad realizó las primeras observaciones conocidas sobre estas aguas. A lo largo del siglo XVIII, otros facultativos continuaron documentando sus efectos y contribuyeron a consolidar su prestigio. En estos primeros tiempos, las aguas se utilizaban principalmente por ingestión y eran transportadas incluso fuera de la localidad.

Un momento decisivo se produjo en 1816, cuando las aguas de Quinto fueron incluidas entre los establecimientos minerales reconocidos oficialmente por el Estado. Este hecho consolidó su relevancia dentro del conjunto de balnearios españoles y abrió una nueva etapa en su desarrollo.

Durante la primera mitad del siglo XIX se acometieron reparaciones y mejoras en las instalaciones vinculadas a los manantiales. Sin embargo, no fue hasta la década de 1860 cuando puede hablarse propiamente de un establecimiento balneario organizado, coincidiendo con nuevas inversiones, la construcción de infraestructuras y el impulso dado por sus propietarios y médicos directores.

Esta etapa supuso el apogeo de los Baños de Quinto, estrechamente relacionado con la figura del médico Carlos Viñolas y con las inversiones promovidas por José Calvo Martín. Durante esos años, el establecimiento alcanzó una notable afluencia de enfermos y se consolidó como uno de los centros termales más conocidos de la zona.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la actividad fue disminuyendo progresivamente. El cambio en los modelos terapéuticos y la pérdida de impulso del establecimiento marcaron el inicio de su decadencia.

Durante la Guerra Civil Española, entre 1937 y 1938, el antiguo balneario vivió una transformación radical al ser utilizado como cuartel y hospital de sangre. Esta etapa alteró profundamente el sentido original del lugar y dejó una huella decisiva en su evolución posterior.

Tras la guerra, el conjunto entró en un proceso de deterioro y abandono. Con el paso del tiempo, las antiguas instalaciones desaparecieron y el espacio fue transformado urbanísticamente, dando origen al actual barrio de Los Baños, que conserva en su nombre la memoria del antiguo establecimiento.

Plano del terreno y localización de los manantiales

Plano del terreno y localización de los manantiales.

Las aguas minero-medicinales

El elemento fundamental de los Baños de Quinto fueron sus aguas minero-medicinales, cuya utilización estuvo orientada principalmente a su ingestión, y no al baño, al menos durante gran parte de su historia.

Estas aguas surgían de forma natural en dos manantiales situados en el interior de cavidades acondicionadas, conocidas como Baño alto y Baño bajo. Ambos puntos de surgencia eran accesibles para quienes acudían a tratarse, que consumían el agua directamente en el lugar.

Desde el siglo XVIII, médicos de la localidad comenzaron a estudiar sus propiedades y a recomendar su uso terapéutico. Las aguas eran consideradas eficaces en el tratamiento de diversas afecciones, especialmente trastornos digestivos, dolencias reumáticas y otras enfermedades crónicas, según los criterios médicos de la época.

El tratamiento consistía en la ingestión controlada del agua durante varios días o semanas, siguiendo las indicaciones del médico director. Los pacientes acudían a los manantiales y permanecían en los espacios acondicionados junto a las fuentes, donde se organizaba la toma de las aguas.

Además de su consumo en el propio establecimiento, en determinados periodos el agua fue transportada fuera de Quinto para su uso en otros lugares, lo que pone de manifiesto la importancia que se le atribuía como recurso terapéutico.

No fue hasta bien avanzado el siglo XIX cuando se incorporó el uso de baños como parte del tratamiento, coincidiendo con la transformación del lugar en un establecimiento balneario más desarrollado. Aun así, el consumo por ingestión continuó siendo el elemento central de su utilización.

El conjunto de los Baños de Quinto

El conjunto de los Baños de Quinto estaba formado por una serie de edificaciones y espacios acondicionados en torno a los manantiales, integrados en un entorno natural caracterizado por la presencia de barrancos, canteras y formaciones geológicas que condicionaban tanto el nacimiento de las aguas como su aprovechamiento.

El núcleo principal lo constituían dos edificaciones asociadas a los manantiales, conocidas como Baño bajo, más próximo al núcleo urbano, y Baño alto, situado a mayor distancia. Ambos espacios estaban construidos directamente sobre los puntos de surgencia de las aguas, protegiendo las fuentes y permitiendo su uso por parte de los usuarios.

En el interior de estas construcciones se encontraban las pilas o receptáculos donde se recogía el agua, así como los conductos que la canalizaban desde las vetas del terreno. Estas estructuras estaban diseñadas para preservar la limpieza del agua y facilitar su extracción, generalmente mediante grifones o puntos de salida accesibles a los usuarios.

Los edificios disponían de espacios interiores acondicionados con bancos, donde quienes acudían a tratarse permanecían durante la toma de las aguas, así como áreas destinadas a consultas médicas. La disposición de estos elementos refleja la organización del uso terapéutico del lugar, centrado principalmente en la ingestión del agua y en el seguimiento médico de los pacientes.

A lo largo del tiempo, las instalaciones experimentaron diversas reformas y ampliaciones. Desde las primeras casetas construidas en el siglo XVIII para proteger las fuentes, hasta las obras realizadas durante el siglo XIX que mejoraron la accesibilidad, ampliaron los espacios y optimizaron la captación de las aguas, el conjunto fue adaptándose a las necesidades del establecimiento.

El entorno inmediato también formaba parte esencial de los Baños de Quinto. Existían paseos y espacios abiertos acondicionados para los usuarios, situados en zonas protegidas del viento y próximas a los manantiales, lo que favorecía la estancia durante los tratamientos.

Los planos históricos conservados permiten reconstruir tanto la disposición de los edificios como su relación con el terreno, ofreciendo una visión detallada de cómo se organizaba este conjunto en su momento de mayor actividad.

Plano del establecimiento de los Baños de Quinto

Plano del establecimiento de los Baños de Quinto.

Plano del terreno de los Baños de Quinto

Plano del terreno y localización de los manantiales.

Médicos y propietarios de los Baños

El desarrollo del establecimiento estuvo estrechamente ligado a la labor de médicos directores y propietarios que impulsaron su estudio, su gestión y su crecimiento.

Carlos Viñolas

Carlos Viñolas Borrell (1800–1875)

Médico nacido en Lérida, fue director de las aguas minerales de Quinto durante más de tres décadas (1839–1868), además de ejercer como médico titular de la localidad. Su larga permanencia le permitió conocer en profundidad las propiedades de las aguas y consolidar su uso terapéutico.

Autor de la Memoria sobre las aguas minerales de Quinto (1854) y de numerosas memorias anuales, fue el principal responsable de la difusión científica del balneario. Durante su etapa se alcanzó el momento de mayor actividad, con centenares de enfermos cada temporada.

Su labor coincidió con importantes mejoras en las instalaciones y con el impulso inversor que dio lugar al apogeo del establecimiento en la década de 1860.

José Calvo Martín

José Calvo Martín (1814–1904)

Médico que llegó a ser senador por Zaragoza en 1870 y propietario de los Baños tras el proceso de desamortización, adquirió el establecimiento en torno a 1860, en un momento clave para su transformación.

No conocemos con exactitud cómo se repartía la propiedad entre el doctor José Calvo Martín y su cuñado Francisco Salas Abenia. Los médicos directores de los baños nombran a ambos como propietarios y, durante la temporada de toma de aguas de junio a septiembre, era Francisco Salas Abenia quien residía en el establecimiento balneario.

Bajo su dirección se realizaron importantes inversiones que permitieron la construcción de nuevas instalaciones, incluida la casa fonda y la incorporación de baños como parte del tratamiento. Estas mejoras marcaron el paso de un uso basado en la ingestión del agua a un verdadero establecimiento balneario organizado.

Francisco Salas Abenia

Francisco Salas Abenia

Copropietario de los Baños de Quinto en etapas posteriores, participó en la gestión del establecimiento en su fase final de funcionamiento.

Su actividad se sitúa en un momento de transición, en el que el balneario mantenía su funcionamiento pero comenzaba a experimentar un progresivo descenso en la afluencia de usuarios.

En 1893, el 5 de febrero, había sido elegido por el ayuntamiento como perito repartidor de contribuciones, junto a otros. Lo cierto es que Francisco Salas, al no tener hijos, legó la propiedad a su sobrina Dolores Escudero Salas, quien casó con uno de los médicos directores de los baños, el doctor Antonio Pérez Vicente.

Antonio Pérez Vicente y Dolores Escudero Salas figuran como propietarios en las contribuciones urbanas de 1929, cuando el establecimiento ya se encontraba cerrado.

Últimos médicos directores

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, distintos médicos asumieron la dirección del establecimiento, elaborando memorias anuales que documentan la evolución del balneario en sus últimos años de actividad.

Antonio Pérez Vicente

Antonio Pérez Vicente

Director de las aguas minerales en las últimas décadas del siglo XIX. Su labor se sitúa en la fase final del balneario, cuando la actividad comenzaba a disminuir.

Pedro Arilla Sangüesa

Pedro Arilla Sangüesa

Médico de Quinto y director de las aguas minerales entre 1904 y 1909, representa la etapa final documentada del balneario antes de su desaparición.

Guerra Civil: cuartel y hospital (1937–1938)

Durante la Guerra Civil Española, los Baños de Quinto experimentaron una transformación radical en su función. Entre 1937 y 1938, las instalaciones del antiguo balneario fueron reutilizadas como cuartel y, especialmente, como hospital de sangre, desempeñando un papel clave en la atención sanitaria en el frente de Aragón.

La ofensiva de agosto de 1937, en la que tuvieron lugar combates en Quinto, Belchite y Fuentes de Ebro, provocó una llegada masiva de heridos que desbordó completamente las capacidades del hospital. El edificio principal, conocido como El Casilicio, quedó rápidamente saturado, y los heridos se acumulaban no solo en las salas, sino también en pasillos y en el exterior del complejo ante la falta de espacio.

Las condiciones de atención eran extremadamente precarias. Testimonios de la época describen un ambiente de gran dureza, donde el olor a desinfectante se mezclaba con el de las heridas infectadas. El personal sanitario trabajaba sin descanso, realizando intervenciones en condiciones limitadas, a menudo con iluminación insuficiente cuando fallaba el suministro eléctrico.

Las memorias de sanitarios reflejan las dificultades del sistema de evacuación, desde el traslado de los heridos desde el frente hasta su llegada a centros como el de Quinto, en un contexto marcado por la escasez de medios y el riesgo constante de bombardeos.

Para muchos combatientes, el hospital de Quinto representaba una posibilidad de supervivencia. Aquellos que lograban llegar con vida eran estabilizados y, si su estado lo permitía, evacuados posteriormente hacia hospitales de retaguardia en localidades como Caspe o Barcelona.

Este episodio supuso una de las etapas más intensas y dramáticas en la historia de los Baños de Quinto, transformando un espacio originalmente dedicado al cuidado y la salud en un escenario marcado por la urgencia, el sufrimiento y la guerra.

Imágenes del hospital y su entorno durante la guerra

Del abandono al barrio de Los Baños

Tras la Guerra Civil, el antiguo conjunto de los Baños de Quinto entró en una etapa de abandono progresivo. El uso sanitario y militar durante el conflicto, unido al deterioro acumulado de las instalaciones, aceleró la pérdida de su función original y el declive definitivo del establecimiento.

En los años de la posguerra, el lugar fue quedando cada vez más degradado. Los edificios, que durante décadas habían estado vinculados al aprovechamiento de las aguas minero-medicinales y a la atención de quienes acudían a tratarse, fueron perdiendo actividad, mantenimiento y sentido dentro de la nueva realidad social y económica.

Con el paso del tiempo, el antiguo balneario dejó de entenderse como un espacio de uso terapéutico y pasó a considerarse un ámbito susceptible de transformación urbana. Esta nueva visión culminó en el acuerdo para convertir la zona en un nuevo barrio, marcando así el final de la historia de los Baños como establecimiento y el comienzo de una nueva etapa para este enclave.

Sobre el solar y el entorno del antiguo conjunto fue surgiendo el actual barrio de Los Baños, cuyo nombre conserva la memoria del lugar y de su pasado histórico. Aunque las construcciones originales desaparecieron, la denominación del barrio y la documentación conservada mantienen vivo el recuerdo de uno de los espacios más singulares de la historia de Quinto.

En la actualidad, la zona forma parte del tejido residencial de la localidad. El barrio de Los Baños constituye, al mismo tiempo, una realidad urbana plenamente integrada en el presente y un testimonio de cómo un espacio vinculado primero a las aguas minerales, después a la guerra y finalmente al abandono, terminó transformándose en un lugar habitado y cotidiano.

Del abandono al barrio actual

Fuentes bibliográficas

Esta página se ha elaborado a partir de documentación histórica, memorias médicas, planos y materiales gráficos relacionados con los Baños de Quinto y con su evolución desde establecimiento de aguas minero-medicinales hasta su transformación en el actual barrio residencial.