Los Arcos de Quinto son tres: San Roque, San Antón y San Miguel.
Tiene Quinto, aparte del excepcional Piquete, un humilde y tradicional patrimonio que son sus Arcos y que son una seña importante de su identidad.
Los arcos de Quinto son tres: San Roque, San Antón y San Miguel. Son construcciones elevadas sobre las calles, a modo de capillas, vinculadas a antiguas devociones populares y a una forma muy particular de entender el espacio urbano del pueblo que en tiempos fueron las puertas de entrada al pueblo.
Arco situado en la salida hacia el Bajo Aragón, construido en ladrillo y alabastro.
El más sobrio a simple vista, integrado con gran naturalidad en la calle Mayor.
Un arco de tres pisos, rematado por una cruz de hierro, entre fachadas encaladas y teja árabe.
El arco de San Roque se sitúa en la calle de su mismo nombre, en la salida hacia el Bajo Aragón. Está construido en ladrillo y alabastro, tan común en esta tierra, y lo cierran unas puertas chapeadas. Además, la construcción luce un gran reloj de sol en el que se puede leer una inscripción latina. El arco, de medio punto, tiene por encima un balcón, con una capilla que mira hacia la localidad.
El Arco tiene la capilla mirando a Quinto. No podía ser de otra manera. Grandes puertas chapeadas cierran un balcón bajo arco de medio punto, construido en ladrillo, un poco menor que el inferior que abraza la calle. Ladrillo encalado y linterna octogonal para cubrir la capilla. Los huecos se cierran con alabastro, material tan abundante y característico de esta tierra. Los cuatro pilares de ladrillo que constituyen sus aristas terminan en un rafe de aproximación de hiladas en el alero y continúan después del tejado en unos modestos pináculos. No se ve bien porque tanto la parte derecha como la izquierda ha sido invadida por los aleros de las casas vecinas.
La fachada posterior tiene una hornacina con San Roque colocada muy posteriormente a la construcción del Arco, seguramente a petición de los vecinos del "otro lado". Sobre la hornacina un gran reloj de sol, fechado en 1776 con la leyenda "DIES ME I SICUT UMBRA". El Arco solo está encalado hasta el primer piso lo que permite contemplar la labor de aparejo superior con rafe de ladrillos aplantillados y el capitel primoroso del pilar derecho. Lamentablemente no puede verse el del lado izquierdo ya que la casa colindante se ha edificado comiéndose al menos medio metro del Arco de San Roque.
Ya se sabe que San Roque nació a finales del siglo XIII en la ciudad francesa de Montpellier donde su padre era gobernador. Por ser fuerte y tener unas marcas cruzadas en el pecho se le puso el nombre Roca de la Cruz, luego ya Roque. Aceptó de joven la regla de la Venerable Orden Tercera de San Francisco y se lanzó a una lucha personal contra la peste que invadía lo que hoy llamaríamos Europa. Hizo de médico, de enfermero, de herbolario y de sepulturero hasta que en Roma resultó también apestado. Un perro le traía pan cada mañana y le lamía la llaga de la pierna. Así esta representado en Quinto.
Ilustración del Arco de San Roque.
Fotografía del Arco de San Roque.
Al final de la calle Mayor se puede contemplar el arco de San Miguel. A simple vista parece el más pobre, pero su sencillez armoniza perfectamente con la vía que lo cruza. La subida a la capilla, que mira al “Piquete”, la tiene por un lateral. No hay campana como en los otros dos, pero sí un reloj de sol que embellece la fachada, cuya cal provoca un blanco fulgor en los días luminosos. El interior del arco conserva dos imágenes de San Miguel, una de Santa Lucía y un cuadro de la Virgen del Pilar.
Tiene la capilla mirando al Piquete, o sea también hacia dentro del pueblo. El paso es de techo plano forjado con maderos tradicionales, que facilitan acceso y luces a casa adosada. La subida a la capilla la tiene por un lateral.
Esta fachada es de ladrillo, encalado, y luce alero como todo humilde pero restaurado. Se arreglo a la par que se retejaba hace unos años. En el centro sobresale la espadaña que se mantiene por milagro de San Miguel porque está sentada sobre las mismas tejas. No hay campana y la remata una crucecita. Hermosea la fachada un reloj de sol fechado en 1823.
La fachada posterior, hacia Zaragoza, es de aparejo de piedra no concertado y luce en su centro una hornacina con San Miguel. Se aprecia el tejado a cuatro vertientes, los rebajes en la parte baja, y "luce" palomilla por no perder la costumbre.
En el interior conserva dos imágenes de San Miguel, una de Santa Lucia donada por una fiel y un cuadro con la Virgen del Pilar con manto y atributos de Capitán General del Glorioso Ejercito Español.
No es preciso añadir que San Miguel es como ángel creador de la nada, puro espíritu. En la clásica jerarquía de querubines, serafines, donminaciones, potestades, tronos, virtudes, arcángeles y ángeles ocupa la cúspide. Al rebelarse Lucifer, según los textos bíblicos, le combatió venciéndole como Alférez de Dios. "Mi-ka-el" quiere decir "¿quien como Dios?" y fue el grito de combate contra el diablo. Así está en Quinto en las tres imágenes: coraza, espada y diablo vencido a sus pies.
Ilustración del Arco de San Roque (Teodoro Pérez Bordetas)
Fotografía del Arco de San Miguel.
Este Arco de San Antón, situado entre los dos anteriores, en perpendicular calle de su nombre que sale a la carretera y por tanto hacia el Ebro, ha sido víctima de algunos atropellos urbanísticos de otros tiempos.
Este Arco tiene tres pisos muy proporcionados. El Arco de paso es amplio y el balcón de la capilla, por comparación resulta algo canijo de altura. Para ver si crece le han puesto una bajante de desagüe en medio. En el segundo cuerpo a modo de cúpula tiene oculos cegados, y en tercero a modo de linterna ventanas verticales abiertas. El remate es un peironcillo terminado con una cruz de hierro. Los tres cuerpos disfrutan de un alero de teja árabe sobre imposta con esquinillas de ladrillo,sobrio, macizo y contundente.
La fachada posterior da a la carretera lo que era antiguamente camino de pasajeros por las afueras de la población distinguiendolo del camino real que era donde están los otros dos Arcos. San Antón tiene en la primera planta, sobre el arco, un saliente, a modo de baticambra tradicional, que sirve para pasar, en la capilla, por detrás del Santo. Todo toscamente jarreado y encalado. Una maravilla de arquitectura popular.
San Antón tiene Cofradía y todos los años, el 17 de Enero, celebra su fiesta. Sus Estatutos extraídos del Archivo Parroquial y publicados en el número 2 de esa ejemplar Revista llamada La Atalaya, fijan la "instalación" de la Hermandad de San Antonio Abad el 5 de Enero de 1826 con cuarenta cofrades justos. "No se admitirá uno que no muera otro". Cada nuevo Hermano "el día de San Miguel siguiente al de la entrada ha de dar un duro....y todos los años a los Mayordomos que por tiempo fueren dos pesetas para ayuda a la fiesta...." "Con esta limosna de dieciséis duros será cargo de los Mayordomos dar un refresco la vispera del Santo por la tarde con chocolate y bizcochos y el día del Santo, después de la Fiesta, otro refresco con vino blanco y bizcochos". La delicia de estos textos advierte "cuando presentaren cuentas no se les abonará para todo el gasto otra cantidad que los dieciséis duros y si quisieren gastar más lo pondrán de sus casas".
Hoy la Cofradía de San Antón no tiene limite de número de cofrades, aunque no pasan de setenta entre hombres, mujeres y niños. Los Mayordomos limitan su función al reparto de números para el sorteo de un cerdo como primer premio y de tres lechones como segundo premio. El dinero que se obtiene es para pagar los cerdos y la merienda popular que los cofrades ofrecen a todo el pueblo el día 16 por la tarde. Se pueden degustar patatas asadas y productos locales. La comida de la Festividad se la pagan los cofrades "a escote".
Ilustración del Arco de San Antón (Teodoro Pérez Bordetas)
Fotografía del Arco de San Antón.
Los arcos de Quinto no son solo construcciones singulares: son también memoria popular, devoción, paisaje urbano y una forma muy propia de reconocer el pueblo. :contentReference[oaicite:9]{index=9}
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